I.
Tras miles de años viviendo en la oscuridad, entre las sombras de las cumbres nevadas del este y los tormentosos e indómitos páramos del norte, el hombre llegó a Gaia.
II.
Se dice que las primeras noticias de estas tierras llegaron con los relatos de temerarios exploradores, los cuales quedaron maravillados ante la riqueza de frutos, animales de caza y, sobre todo, agua (aquel preciado líquido que por esas épocas escaseaba en casi todo el mundo).
III.
Un día, sin previo aviso, llegaron desde el noreste: caravanas guiadas por fuertes bueyes (fue la primera vez que se vio una rueda por estos lares); hombres vestidos con pieles cenizas por el fuego de las hogueras milenarias del páramo, algunos incluso dijeron que estas hogueras arañaban el azul del cielo por lo inmensas que eran; mujeres aguerridas armadas con cuchillos y gigantes inmortales conocidos como Genios de la Guerra, cuyo origen se perdían en el frío norte.
IV.
Dime ahora Rey Ciego del Tiempo: ¿qué fue de los hombres instalados en estas nuevas tierras, les fue bien y consiguieron vivir en paz? No.
V.
Lo que los hombres no sabían era que en aquellas tierras vivían los Hijos de los Dioses, los Chapis; los exploradores nunca se percataron de ellos porque se hallaban fusionados con la naturaleza: como piedras al borde de un río, como árboles en medio del bosque, como montes y colinas, aisladas en medio del prado, y como animales gigantescos que solo salían a la luz de la luna. Y los hombres no se percataron de ellos y en los siguientes 1500 años, y prosperaron en esas nuevas y fértiles tierras, y pelearon entre ellos, y se mataron entre ellos, y murieron y sufrieron. Los Genios de la Guerra prosperaron entre los humanos, su misión era sencilla: matar a la mayor cantidad de enemigos posibles. Pero un Líder noble y valiente se dio cuenta de la catástrofe que se había originado en la humanidad: inició una última gran guerra contra todos los otros clanes y tras siete años de guerra los sometió, encerró a los genios de la Guerra en prisiones de fuego y piedra y declaró la paz universal “por siempre y para todos”. Ese Líder se convirtió en Rey del reino más poderoso y próspero que alguna vez existió en la humanidad. Después de morir, su reino se dividió en cinco reinos, que poco a poco fueron distanciándose entre ellos y empezaron a competir en lo industrial. A raíz de esta nueva forma de guerra, que el Rey Líder nunca pudo prever, empezó la sobreexplotación de los recursos, y tras largos años de maltrato Gaia empezó amostrar los efectos de estos abusos: los ríos empezaron secarse, los árboles dejaron de florecer y dar frutos, los animales o murieron o migraron hacia más allá de la Gran Pradera. Pero los Reyes humanos no hicieron caso a las evidencias y no dieron marcha atrás a sus industrias y factorías. Fue entonces, cuando después de 1500 años de explotación humana, se manifestaron los Chapis.
VI.
Y así como los hombres aparecieron, un día cualquiera y de improvisto, los Chapis iniciaron su asedio, el día primero, a los reinos del hombre: moles de piedra, montañas andantes, monstruos de arena y gigantescos sauces andantes se lanzaron furiosos y sin piedad a destruir las factorías humanas. Bastaron 3 días para destruir las tres cuartas partes de éstas y acabar con cuatro de los cinco reinos. Sólo pudo resistir el asedio el más montañoso e inaccesible de éstos. El día quinto, el Rey y su consejo decidieron rechazar la autoridad del viejo Rey Líder y liberaron de su prisión a los Genios de la Guerra. Había iniciado el contraataque humano.
VII.
Al día décimo los Chapis fuero tomados por sorpresa por que quedaba del ejército humano liderado por los Genios de la Guerra. En cinco días reconquistaron buena parte de los antiguos reinos. El día quince inició el ataque final en el Bosque Sagrado, del que se dice que existía desde antes de la creación del mundo, los Chapis, refugiados entre los árboles, creyeron estar protegidos entre las espesura de los árboles pero no imaginaron que los hombres serían capaces de quemar el Bosque. Y así fue: todos y cada uno de los Hijos de los Dioses murieron al anochecer del día quince. Sólo un cahpi logró escapar del fuego, pero fue inmediatamente apresado.
VIII.
Fue torturado y condenado a la hoguera, más antes de morir miro por última vez a su alrededor y sólo vio muerte y desesperación: entonces hizo crecer una flor en medio de la tierra muerta y dijo “hasta en el terreno más yermo y la noche más negra la vida puede sobrevivir, todo depende de que nosotros lo deseemos sinceramen…” antes de terminar su frase uno de los Genios de la Guerra le prendió fuego y éste se esparció rápida e inevitablemente. El último de los Hijos de los Dioses murió sereno y pronto se convirtió en ceniza.
IX.
Los hombres comprendieron lo que el Hijo de los Dioses les había querido decir, alzados a una sola voz encarcelaron nuevamente a los Genios de la Guerra y decretaron “la paz y armonía universal y el respeto por la naturaleza”.
X.
Dime ahora, Dios Ciego del Tiempo, lo que pasó después. Las cenizas del último… y de todos los Chapis caídos se esparcieron con el viento, y al estar llenas de vida supieron hacerla renacer en todos los rincones de Gaia. Después de pasar por todo esto la humanidad al fin pudo alcanzar la paz.
XI.
Ahora te pido, Dios Ciego del Tiempo, que todos los días les hagas recordar a los hombres esta historia para que nunca olviden que deben respetarse entre ellos y a la naturaleza, porque los Genios de la Guerra son inmortales y estarán esperando hasta el fin de los tiempos para ser liberados.
Comentarios diversos, intentos de poesía y narrativa, reflexiones sobre mi vida y mucha, mucha improvisación (este blog no se actualizará más, eso creo)
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sábado, 28 de marzo de 2009
sábado, 17 de enero de 2009
Crónicas jaenas (2a parte)
10 de Enero
Fondo: un baño iluminado por una luz tenue, crepuscular
Figura: un tipo mirándose al espejo
“…no comprendo que es lo que veo al frente de mí: una tenue mirada, un rostro impasible, una sonrisa latente por lo que él sabe de mí (y yo no sé)”
Fin: un espejo roto
pseudo-haiku para amenizar:
las sombras no se reflejan a través del espejo,
tus ojos sí, ¿por qué?
¿quizás porque puedo ver a través de ellos?
13 de Enero
Sólo léelo si no tienes nada mejor que hacer
Sin duda en el fin de los días podría expresar muchas más palabras, quizás incluso pueda pronunciar un discurso bien estructurado o quizás siga engañando a la gente con fantasías como la del hipocampo llegó a la luna y descubrió unas ruinas milenarias; en realidad el término “milenarias” suele ser usado para encubrir una falta de conocimiento por parte del escritor de turno, aunque también es usado como un término que denota tanto exotismo como romanticismo, aquel germen que fue uno de los puntos más altos del siglo XIX.
¿Y los trasmundistas seguirán existiendo en el fin de los días? Sí, (I’m sorry little Nietszche) porque no me parecen del todos locos y yo (ser supremo-todopoderoso de mi imaginación) puedo ubicar a quien me dé la gana en “El fin de los tiempos Director’s Cut”, aunque el pequeño Federico berrinche y arme un mini-drama al estilo shakesperiano: mi querido amigo, hiciste una obra maestra pero esta es mi imaginación.
La ciudad de los sueños sin duda será la capital de la tierra cuando llegue el fin de los días. Ahora camino por sus calles, paseo por sus parques, me sumerjo en sus muesos y bibliotecas; vuelvo a la calle, la acera se encoge más y más, es mi fin, pero sigo caminando entre nubarrones de monóxido de carbono y metano (el aire puro del fin del mundo), entre pliegues de tierra y postes de ámbar y vidrio, como los de aquella vieja ciudad de nómades. La acera se encoge más y más, es mi fin, y caigo en el grueso cemento de la pista desnuda sin carretas ni automóviles ni almas humanas perdidas, al fin puedo decir que éste es mi fin. ¿Cómo sé que éste es mi final?, porque estoy navegando en el océano ignoto de mi imaginación, aquel lugar del cual nunca podré salir y en el que erraré hasta el fin de los días (motivo del texto).
jueves, 8 de enero de 2009
Crónicas jaenas (1a parte)
15-30 de Diciembre
Cosmogonía jaena
Es imposible describir Jaén en un texto: ¿o tú podrías imaginar el vaivén de las mototaxis (aquellos bichos de acero con tres extremidades) en su acelerado paso por esta ciudad con sólo describírtelo? Así que a falta de palabras para describir una ciudad (en sí esta ciudad), voy a tratar de dibujártela en tu mente. Primero, empezaremos por la infraestructura del caos: los edificios-choza de la ciudad. Piensa en un grano de arena, una silla rota y un proverbio antiguo, luego trata de superponer todas esas imágenes mentales en una sola, ¿qué tal?, ahora materializa eso (como aquel pueblo, del cual no recuerdo el nombre, que salió de la taza de café de Marcel Proust), ¿puedes ver una extraña ciudad de calles desiertas?, ¿sí?, entonces vas por buen camino.
Segundo paso, las personas: conoces el Popol Vuh, específicamente aquella parte en la que se crea al hombre a partir de maíz, bueno, en este caso crearás a un hombre a partir de café, arroz, hojas de maleza y una pizca de luz (por los legendarios guerreros awajún que llegaron al sol caminado por el arco iris). ¿Qué tal, ya todos los ingredientes están en su sitio? No voy a pedir que agites bien porque harías el ridículo moviendo tu cabeza sin razón alguna; en lugar de eso imagina la masa (casi como de arcilla) que obtendrás a partir de los ingredientes. Una vez hecho esto crea a un ser humano antropoide-awajún, si no puedes hacerlo por generación espontánea haz evolucionar a al grano de arroz con los genes cruzados de los otros dos ingredientes con ADN. Recuerda, cuando vayas por el homo erectus jaenensis no te olvides exponerlo a la selección natural: asegúrate de que sólo sobrevivan los que resistan a la exposición a la pizca de luz. Unos cuantos cientos de miles de años más para espesar la masa y acabaste. Yo os enseño al jaenés-jaeno-jaenense, también conocido como pakamuro(s) o bracamoro(s), este último término según los barbudos mendigos españoles que anexaron esta zona al territorio de su Rey. Nota: la mujer jaena-jaenesa-jaeneana se consigue de la misma forma que el hombre sólo que la pizca de luz debe ser radioactiva.
Tercer y último paso, el insondable desorden. Sin duda lo más fácil: en la infraestrcuttra del caos debes haber colocado ya a los jaeneanos actuando como gente “normal”. Una vez que esa imagen está construida dedícale un buen tiempo a estropear tu trabajo, puedes derribar edificios o esparcir los vicios por la ciudad, pero también puedes otorgarles un dejo curioso y quitarles el paviemento a las calles. Personalmnte te recoemindo que hagas todo eso. Una vez hecho esto crea un cúmulo de energía a partir de la mezcla de canciones del Grupo 5, música de reggaetón, música ecuatoriana, unos cuentos cuyes y sabiduría chicha. Ahora esparce esa supernova por todo el mundo que has creado. ¿Al fin puede ver como es Jaén? Estoy seguro que sí.
31 de Diciembre
Ciertamente incierto
Su mirada, claramente perdida, ¿en qué estás pensando? "un año se va claro este 2008 me ha parecido un año magnifico esperando 2009 como un mejor año algo a pesar de esto me preocupa cuales seran los retos en este nuevo año podre afrontarlos creo que si seguir adelante muchacho ja mas bien voy a hacer el muñeco de año nuevo nada para quemar porque mi mama dice que no hay que contaminar yo la apoyo en eso en lugar del clasico muñeco que se quema yo y hermana haremos un payaso de globos espero que quede bien al menos he seguido las instrucciones del manual" Sin duda el payaso había sido hecho dignamente y hasta era simpático, pero no duraría mucho "las doce revente al payaso si no lo hacia yo lo hacia yago uno siente como una situación vacio al ver los globos destrozados pero luego me senti bien le habia tomado una foto a nuestra creación al menos"
Había empezado el 2009, el año de las esperanzas o de los nuevos retos "no hay marcha atrás camino enfrento los retos este año me va a ir bien eso espero sin duda confio en eso al menos mi mente se halla al fin libre sin duda venir a jaen me ha servido para limpiar mi mente ya tiempo para reflexionar sobre sentimientos vendra ojala puede afrontarlo mejor me fascina jaen me siento bien aca…"
Cosmogonía jaena
Es imposible describir Jaén en un texto: ¿o tú podrías imaginar el vaivén de las mototaxis (aquellos bichos de acero con tres extremidades) en su acelerado paso por esta ciudad con sólo describírtelo? Así que a falta de palabras para describir una ciudad (en sí esta ciudad), voy a tratar de dibujártela en tu mente. Primero, empezaremos por la infraestructura del caos: los edificios-choza de la ciudad. Piensa en un grano de arena, una silla rota y un proverbio antiguo, luego trata de superponer todas esas imágenes mentales en una sola, ¿qué tal?, ahora materializa eso (como aquel pueblo, del cual no recuerdo el nombre, que salió de la taza de café de Marcel Proust), ¿puedes ver una extraña ciudad de calles desiertas?, ¿sí?, entonces vas por buen camino.
Segundo paso, las personas: conoces el Popol Vuh, específicamente aquella parte en la que se crea al hombre a partir de maíz, bueno, en este caso crearás a un hombre a partir de café, arroz, hojas de maleza y una pizca de luz (por los legendarios guerreros awajún que llegaron al sol caminado por el arco iris). ¿Qué tal, ya todos los ingredientes están en su sitio? No voy a pedir que agites bien porque harías el ridículo moviendo tu cabeza sin razón alguna; en lugar de eso imagina la masa (casi como de arcilla) que obtendrás a partir de los ingredientes. Una vez hecho esto crea a un ser humano antropoide-awajún, si no puedes hacerlo por generación espontánea haz evolucionar a al grano de arroz con los genes cruzados de los otros dos ingredientes con ADN. Recuerda, cuando vayas por el homo erectus jaenensis no te olvides exponerlo a la selección natural: asegúrate de que sólo sobrevivan los que resistan a la exposición a la pizca de luz. Unos cuantos cientos de miles de años más para espesar la masa y acabaste. Yo os enseño al jaenés-jaeno-jaenense, también conocido como pakamuro(s) o bracamoro(s), este último término según los barbudos mendigos españoles que anexaron esta zona al territorio de su Rey. Nota: la mujer jaena-jaenesa-jaeneana se consigue de la misma forma que el hombre sólo que la pizca de luz debe ser radioactiva.
Tercer y último paso, el insondable desorden. Sin duda lo más fácil: en la infraestrcuttra del caos debes haber colocado ya a los jaeneanos actuando como gente “normal”. Una vez que esa imagen está construida dedícale un buen tiempo a estropear tu trabajo, puedes derribar edificios o esparcir los vicios por la ciudad, pero también puedes otorgarles un dejo curioso y quitarles el paviemento a las calles. Personalmnte te recoemindo que hagas todo eso. Una vez hecho esto crea un cúmulo de energía a partir de la mezcla de canciones del Grupo 5, música de reggaetón, música ecuatoriana, unos cuentos cuyes y sabiduría chicha. Ahora esparce esa supernova por todo el mundo que has creado. ¿Al fin puede ver como es Jaén? Estoy seguro que sí.
31 de Diciembre
Ciertamente incierto
Su mirada, claramente perdida, ¿en qué estás pensando? "un año se va claro este 2008 me ha parecido un año magnifico esperando 2009 como un mejor año algo a pesar de esto me preocupa cuales seran los retos en este nuevo año podre afrontarlos creo que si seguir adelante muchacho ja mas bien voy a hacer el muñeco de año nuevo nada para quemar porque mi mama dice que no hay que contaminar yo la apoyo en eso en lugar del clasico muñeco que se quema yo y hermana haremos un payaso de globos espero que quede bien al menos he seguido las instrucciones del manual" Sin duda el payaso había sido hecho dignamente y hasta era simpático, pero no duraría mucho "las doce revente al payaso si no lo hacia yo lo hacia yago uno siente como una situación vacio al ver los globos destrozados pero luego me senti bien le habia tomado una foto a nuestra creación al menos"
Había empezado el 2009, el año de las esperanzas o de los nuevos retos "no hay marcha atrás camino enfrento los retos este año me va a ir bien eso espero sin duda confio en eso al menos mi mente se halla al fin libre sin duda venir a jaen me ha servido para limpiar mi mente ya tiempo para reflexionar sobre sentimientos vendra ojala puede afrontarlo mejor me fascina jaen me siento bien aca…"
miércoles, 10 de setiembre de 2008
Otro cuento
Este es un cuento que hice cuando estaba en quinto de secundaria, para un concurso cuyo tema era la importancia del agua. Como no soporto el acartonamiento ni las ataduras, escribí sobre el destino de una etnia que se vinculaba con el fluir del agua (al menos eso es lo que me acuerdo). Claro, el cuento fue ninguneado sin piedad por no tocar el tema. ¡Salud, Galba! (PS: Quizás si sea un cuento recontra malo). Perdón por el mal uso de los verbos: estaba en quinto de secundaria.
De agua está hecho el hombre
El día en que el río Tananka emergió de las fauces de nuestro mundo, arrastró consigo a una raza de guerreros, armados con arcos y flechas y pintados de rojo. Estos nuevos hombres tenían rostros fieros, pero que a la vez derrochaban sinceridad y sensatez. Se hacían llamar Ashaam-ikasa o “hijos del Tananka”. Con el pasar de los años adoptaron los collares y las trenzas como atuendos para distinguirse de las nuevas tribus que habían penetrado en los territorios circundantes al Tananka. La vida de las primeras tribus de Ashaam-ikasa giraba en torno al río, del cual obtenían el alimento sagrado o Ajaku, aquellos tiempos en los que eran bravos guerreros habían pasado y ahora vivían tranquilamente como un fuerte e imponente árbol. Era una de las razas más respetadas de la selva.
Dicen que duró décadas, otros, años, pero lo real es que largo fue el tiempo que los Ashaam-ikasa vivieron felices y serenos. Pero un día llegó Sapporo, flotando sobre una pequeña balsa, fue tomado y criado como hijo por una de las familias más antiguas de la raza Ashaam-Ikasa, los Saph-ashaam. Cuando se convirtió en un adolescente salió de su aldea y viajó por los confines de la selva en busca de su destino, tres lustros después regresó convertido en un hombre. Las heridas de mil y una batallas con fieras y hombres de otras tribus no hicieron más que darle severidad a su mirada, convirtiéndolo en un hombre de rostro profundo que descubría hasta las más profundas nimiedades que afloraran en el corazón de cualquiera. Las sogas y pieles que siempre iban a sus espaldas eran otro reflejo más del largo camino de vida que había recorrido Sapporo. Llevaba lianas gruesas y delgadas, monocromas o cubiertas de colores luminosos, también cargaba con pieles de jaguares, osos, serpientes, cocodrilos y pumas, que hubieran asustado a cualquiera por las vivaces expresiones en sus rostros que emanaban vida. Cada uno de los pasos que daba Sapporo era meditado por él y hecho con cautela y precaución. En ningún otro mortal se hubiera podido apreciar semejante fuerza, energía y fortaleza, por ello no resultó extraño que sea elegido jefe de la tribu Ase-ejayo, a la que pertenecía su familia y que era una de las dos tribus de la raza Ashaam-ikasa.
Era de esperarse que el jefe de la otra tribu Ashaam-ikasa, Nachak-kha no considerarse a Sapporo como jefe de la otra tribu, ya que siempre lo había tenido por un forastero. Y también era de esperarse, porque Nachak-kah era ambicioso, que le declarase la guerra a Sapporo para aparentemente purificar a los Ashaam-ikasa de la tribu Ase-ejayo, pero que en realidad era para tener el control sobre toda la raza, tenía planes malévolos para ganar la guerra y para controlar a los Ashaam-ikasa si es que ganaba.
Dicen que duró décadas, otros, años, pero lo real es que largo fue el tiempo que los Ashaam-ikasa vivieron felices y serenos. Pero un día llegó Sapporo, flotando sobre una pequeña balsa, fue tomado y criado como hijo por una de las familias más antiguas de la raza Ashaam-Ikasa, los Saph-ashaam. Cuando se convirtió en un adolescente salió de su aldea y viajó por los confines de la selva en busca de su destino, tres lustros después regresó convertido en un hombre. Las heridas de mil y una batallas con fieras y hombres de otras tribus no hicieron más que darle severidad a su mirada, convirtiéndolo en un hombre de rostro profundo que descubría hasta las más profundas nimiedades que afloraran en el corazón de cualquiera. Las sogas y pieles que siempre iban a sus espaldas eran otro reflejo más del largo camino de vida que había recorrido Sapporo. Llevaba lianas gruesas y delgadas, monocromas o cubiertas de colores luminosos, también cargaba con pieles de jaguares, osos, serpientes, cocodrilos y pumas, que hubieran asustado a cualquiera por las vivaces expresiones en sus rostros que emanaban vida. Cada uno de los pasos que daba Sapporo era meditado por él y hecho con cautela y precaución. En ningún otro mortal se hubiera podido apreciar semejante fuerza, energía y fortaleza, por ello no resultó extraño que sea elegido jefe de la tribu Ase-ejayo, a la que pertenecía su familia y que era una de las dos tribus de la raza Ashaam-ikasa.
Era de esperarse que el jefe de la otra tribu Ashaam-ikasa, Nachak-kha no considerarse a Sapporo como jefe de la otra tribu, ya que siempre lo había tenido por un forastero. Y también era de esperarse, porque Nachak-kah era ambicioso, que le declarase la guerra a Sapporo para aparentemente purificar a los Ashaam-ikasa de la tribu Ase-ejayo, pero que en realidad era para tener el control sobre toda la raza, tenía planes malévolos para ganar la guerra y para controlar a los Ashaam-ikasa si es que ganaba.
Suspiró hondo y entonó el canto de guerra de los Aguae-eja, la tribu que lideraba:
“Hay de aquel que ose enfrentársenos.
Hay de aquel que se interponga en nuestro camino.
Hay de aquel que trate de quitarnos la libertad,
ya que sólo encontrará el yerro frío de nuestra fuerza
y perecerá escuchando nuestro nombre”.
La guerra estaba declarada.
En esas sociedades selváticas la guerra no era un asunto de unos cuantos meses, sino que les tomaba años preparase y cuando luchaban no paraban hasta que uno de los bandos extermine hasta el último integrante del otro bando.
Cuando Sapporo se enteró de la declaración de guerra convocó a una gran sesión en la explanada del nacimiento. Lugar en el cual según la tradición Ashaam-ikasa había emergido su raza sobre la tierra. Todos los notables de la tribu Ase-ejayo asistieron al concilio, Sapporo les preguntó si decidían apoyarlo y enfrentase a los Aguae-eja o expulsarlo de la tribu y someterse a Nachak-kha. Por unanimidad todos los notables decidieron apoyarlo. Luego se retiraron a realizar los preparativos para el conflicto. Sapporo no se movió de ese lugar y se puso a reflexionar, como lo había hecho tantas veces en su peregrinación por la selva, sobre el destino y fin de si mismo y de los Ashaam-ikasa. Se preguntó si los de su raza debían pelearse entre ellos mismos y lo que pasaría si eso ocurriera. Se cuenta que estuvo meditando durante tres días sin probar un bocado de comida, ni beber un solo sorbo de agua. Después de todo, era el peregrino, el gran Sapporo. Cuando regresó donde estaba su tribu, realizó algo para que ya no lo considerasen más un forastero: desposó a Fashira-Ashia, hija de una de más familias más respetables de la tribu Ase-ejayo. Su primer hijo nació dos estaciones después.
Durante las ocho estaciones posteriores a la declaración de la guerra, tanto los de la tribu Ase-ejayo como los de la tribu Aguae-eja se prepararon para el conflicto: lanzas llenas del fragor de la batalla, arcos como ramas de árbol al soplar el fuerte viento, mazos recios como piedras y flechas hechas con el alma de las chontas ancestrales para cada uno de los guerreros Ashaam-ikasa. Los guerreros Ase-ejayo se pintaron todo su cuerpo de rojo como antaño lo hicieron los primeros Ashaam-ikasa, parecían guerreros de la muerte destinados a expandirla por todo el mundo y subyugar a los que quedaran vivos. Mientras tanto los Aguae-eja se habían pintado sus rostros de azul y se habían armado de hondas rápidas y certeras y de porras elaboradas a partir de piedras.
“Y los Ashaam-ikasa pelearán entre si,
será una lucha de hermanos contra hermanos,
ya que ambos bandos habían nacido del río Tananka
y en el río todos ellos morirían”
A la décima estación después de declarad la guerra nació el segundo hijo de Sapporo y coincidió con el inicio de la guerra. Antes de que empezase la batalla la familia de los Hurí-tuy se retiró del bando de Sapporo y se fue a vivir a la parte baja del río Tananka. Luego la batalla empezó. Fue el inicio de una lucha de titanes, entre hermanos, por determinar el nuevo jefe de la raza. La batalla duró veinte días, al final, el ejército de Sapporo aniquiló al ejército de Nachak-kah y lo hizo retroceder hasta su aldea. Confiados en la victoria levantaron carpas alrededor del pueblo Aguae-eja. Para preparar el asedio del pueblo. Esa noche Sapporo soñó: estaba rodeado por un prado lleno de plantas, cuando de repente el agua lo cubrió todo, él se sintió flotando sobre el líquido y percibió que poco a poco iba hundiéndose en él. De repente, despertó.
Las hojas de los árboles caían, las flores se marchitaban y los frutos ya no maduraban en los jardines de la casa de Nachak-kah, la derrota era inminente. Sólo podía hacer una cosa: usaría al padre de su raza, el río Tananka, para causar la muerte de los Ase-ejayo. Virtió un veneno misterioso y potentísimo sobre el río.
“Hay del día en que los Ashaam-ikasa
atenten contra el río Tananka,
ese será el día
en que todos los de su raza perecerán
y nunca más volverá a crecer planta alguna sobre esa tierra maldita”
Los primeros en morir fueron los Hurí-tuy, menos precavidos y que además vivían en la parte baja del Tananka. Los Ase-ejayo presenciaron el infausto destino de los Hurí-tuy. Sapporo precavió a todos los Aguae-eja del agua del Tananka y les advirtió que no debían beber de ella. Durante un tiempo sus fuerzas retiraron el asedio del pueblo de los Aguae-eja. Nachak-kah se regocijaba de su suerte pero lo que no previno fue que sus fuerzas estaban tan mermadas que no podrían hacer frente a un inminente ataque Ase-ejayo. Y así ocurrió. A la estación siguiente a la expansión del veneno en las aguas del Tananka, el ejército de Sapporo asedió el pueblo de los Aguae-eja. A pesar de sus esfuerzos, Sapporo no pudo parar el frenesí e ímpetu de sus guerreros que aniquilaron a todos los Aguae-eja, incluyendo al propio Nachak-kah. La venganza había terminado.
Sapporo y su ejército regresaron al pueblo y se encontraron con un funesto espectáculo: los habitantes que habían quedado en el pueblo no pudieron soportar la falta de agua y se aventuraron a beber del río. Todos habían muerto, incluso la familia de Sapporo. Los guerreros no pudieron resistir el espectáculo y uno a uno fueron suicidándose ante los atónitos ojos de Sapporo.
“Y uno a uno fueron muriendo los Ashaam-ikasa,
y ya ninguno quedaba,
porque la maldición cumplida estaba,
solo un forastero ignoto
era testigo de la tragedia”
Sapporo se sentó y permaneció meditando durante estaciones, sin beber ni comer. Hasta que un día se levantó y se dirigió hacia el río. Con sus delgados dedos acarició las corrientes da agua del Tananka y en un momento se le vino a la mente toda la historia de los Ashaam-ikasa: desde el nacimiento de la raza hasta las guerras que los ultimaron. Sapporo se levantó, presintió algo y se puso a cavar al borde del río. Encontró una piedra con escritos ancestrales a la que, increíblemente, pudo leer con facilidad, pero de la que no pudo comprender nada. Probablemente los mensajes estaban cifrados. Y de repente algo se le vino a la mente, cogió la piedra y la sumergió bajo el agua. Ahora si podía entender lo que decía. Ésta narraba la historia de los Ashaam-ikasa, desde el génesis hasta los fines de su historia. Así como también contaba la historia del propio Sapporo.
“Sapporo era el hijo del río Tananka,
Entre las aguas nació y hacia las aguas iba.
Creció entre los Ashaam-ikasa
A los que no puedo salvar de su extinción.
Sapporo hacia el río fue y terminó por comprenderlo todo”.
Sapporo se lanzó al río, refrescó su mente y entonces entendió todo: la historia de los Ashaam-ikasa, así como la suya, ya estaban escritas y ambas eran idénticas. Las dos habían empezado en el agua y las dos acabarían en el agua.
“Y la raza de los Ashaam-ikasa desapareció,
y nunca se recordó su paso por la faz de la tierra”
Les presento a Esteban
Es hora de que conozcan a mi álter ego: Esteban, algún día será el protagonista de mi supuesta obra maestra. Hasta eso decidí escribir un tonto y aburrido cuento. Por favor, tengan piedad de mí, lo escribí hace 2 años. Por cierto, me atreví a enviarlo a Caretas para que partícipe en el Cuento de las mil palabras (esto demuestra que cualquier idiota puede participar en ese concurso literario).
Un día en la vida de Esteban
La vida era el simple reflejo de la armonía de tener la mente fuera de este mundo, de contemplar los vaivenes espirituales llenos de refulgentes colores y expresiones, de vivir sin morir y morir sin vivir y de apreciar las grandes verdades del alba y del ocaso… Esa era la definición que tenía Esteban sobre la vida y cada día que tomaba los senderos del mundo humano se aseguraba de que ésta estuviera muy bien guardada en su cofre de las mil y un ideas resplandecientes e inesperadas, o simplemente cerebro. Los días eran el ir y venir de la monotonía de la vida, pero no para él; éstos eran la búsqueda del destino, del significado de la vida, del reflejo de las ideas por las que uno vivía; era buscar el rumbo de uno mismo y encontrarlo, sí, encontrarlo.Tomaba un té cada noche y luego salía a deambular por las estrechas calles del pueblo, por aquellas en las que su imaginación muchas veces había creado historias de asesinos, duendes, unicornios y ladrones trabajando todos juntos como barrenderos o encontrándose en situaciones donde la vida de éstos dependía de la voluntad única e implacable del destino que todo lo sabía y al vez todo lo podía. Esteban poco podía hacer cuando veía en su constante merodear a una persona por aquí o por allá, puesto que cualquier individuo que lo veía inmediatamente se alejaba de él, y no sólo le tenían miedo a su constante andar sino también a su aspecto, que no era el más propicio para ser aceptado por los demás; sabiendo eso, él se jactaba de ser el monstruo del pueblo y debido a esto y a otros asuntos divertidos no se atrevía a suicidarse, ya no eran aquellos días en los que estuvo a punto de poner fin a su existencia por motivos filosóficos y con fundamentos como “¿qué es el vivir sin el morir?”, “con mi sacrificio puedo cambiar la concepción errada e inherente que se tiene sobre mí” o con el tajante “quiero conocer ya los beneficios del descanso eterno”.“Ir al vivir o vivir con el ir”, “mantenerse sin rumbo es propio del hombre y a la vez gratificante” fueron unas de las razones por las que Esteban justificaba su eterno deambular por el pueblo aquella noche. Sus pensamientos iban mezclados con ligeras gotas de té y con espesas espumas de jabón, como los sueños disparatados y excéntricos que tenía cada día a la lila de la alegría. De repente, como nunca, algo fuera de lo planeado lo interrumpió, en su devaneo mental se había desviado del camino que seguía todas las noches y vio que se encontraba a la entrada del misterioso castillo de La Tejada, uno de los vestigios que quedaban de tiempos antiguos y gloriosos en ese minúsculo pueblo. Lo único que le quedaba era entrar al castillo…Las tenebrosas torres se alzaban sobre el castillo, parecían tocar el firmamento. Ni un alma vagaba por ese lugar y los anchos muros parecían esconder un secreto nunca antes revelado, que guardaría la clave para romper el misterio y el silencio que encierra al castillo, antiquísimo y a la vez magnífico que emitía una atmósfera tenebrosa al sólo contemplarlo. Su estructura que alguna vez debió ser la más imponente de todo el valle aún se podía contemplar. En la reja se podía leer el anuncio que un precavido visitante había colgado años atrás: “entra si es en verdad necesario, huye si es que no estas dispuesto a entrar, ya que muchos han traspasado el umbral y han sentido el terror hasta el fondo de su alma”.“Son sólo inscripciones y significan algo, pero algo de lo que yo no tengo conocimiento”, pensó Esteban al leer el anuncio. Sabía que no podía retroceder, que su empresa fracasaría si hubiera dado un paso atrás, así que se armó de valor y empujó la reja del castillo suavemente, luego más fuerte hasta que logró abrirla. Sigilosamente atravesó el espacio que había conseguido hacer y entró al desolado jardín. Esteban avanzó lenta y silenciosamente por el llano, miraba tristemente a su alrededor mientras pensaba en algo muy distante del momento en que se encontraba. Después de atravesar el árido llano y subir por unas antiguas escalinatas de mármol se encontró frente a la puerta del castillo, sus repujados de arpías y faunos parecían contener sus ansias de entrar, pero no pudieron: simplemente empujó la puerta un poco y ésta se derrumbó como torre tirada por mil caballos. Luego entró.El amplio vestíbulo que alguna vez hubiera recibido a condes o marqueses ahora era una entrada poblada de nada, como nada eran también el comedor, el salón de fiestas, la cocina y los dormitorios. Sólo una silla de madera había sobrevivido a la destrucción, seguramente porque guardaba el espíritu del castillo. Sin pensarlo dos veces, Esteban se sentó en la silla y al instante empezó a ver todos los recuerdos de las épocas gloriosas del castillo, de sus habitantes y huéspedes notables, de las grandes celebraciones que allí se realizaban, de los clásicos bailes en el gran salón, de las suntuosas comidas en el comedor, y de los personajes notables que pasaron por el vestíbulo. Después de las visiones Esteban se paró y reflexionó sobre el paso de los años: “Pero como después de tanto tiempo esta silla se mantiene intacta, ¿será el espíritu del castillo lo que la mantiene intacta?, ¿acaso son las remembranzas del pasado las que nos ayudan a fortalecer el espíritu y nos revelan el significado de nuestras existencias y a la vez nos ayudan a forjar nuestro destino?, pues a mí esas remembranzas no me sirven”. Esteban salió del castillo y contempló lo que esperaba: el castillo se derrumbó en tan solo unos segundos, siglos de olvido habían al fin desaparecido por siempre. Esteban tomó el sendero y siguió su deambular, como todas las noches.
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